Sin embargo el problema que presentan estas monedas no es tanto su valor como su movilidad. Resulta difícil deshacerse de estas monedas y muchas terminan apartadas en algún lugar de la casa. Puede que en una sola casa esto no resulte tan problemático, pero la economía no se basa en las acciones de un individuo, sino en la de todos los que la componen. Seguramente a día de hoy las monedas de 1 y 2 céntimos deban desaparecer, no tanto por su bajo valor intrínseco, sino por paralizar un dinero que de no estar en esa forma, pasaría de unas manos a otras con mayor facilidad, lo cual resulta muy saludable para la economía de cualquier país.
Así que ya saben, si alguna vez encuentran un céntimo en el suelo, procuren saber si les resultara rentable agacharse y recogerlo, o darle una patada y seguir caminando.
Entonces solo queda preguntarse la razón de que existan. Seguramente se hizo para evitar que los empresarios redondearan al alza sus productos, lo que hubiera provocado el descontento de los consumidores e incluso una contracción del consumo.
Dos monedas que quizás nunca debieron existir.
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